
Estructura de madera
Una casa que se monta con precisión milimétrica en vez de amasarse en obra: más rápida de levantar y más estable con los años.
Inspírate
Viviendas personalizadas de estructura de madera, desde Madrid a toda España. Esto no es un catálogo: es todo lo que puedes elegir cuando la casa se construye para ti.
Cada elemento se combina con el resto. Puedes quedarte en lo esencial o llegar hasta el último capricho, y la estructura y las garantías serán las mismas en los dos casos. Lo único que cambia es cuánto de tu casa decides tú.
Se nota antes de verlo
Hay cosas que no se enseñan en una visita y se agradecen cada día: la temperatura estable sin oír la máquina, el suelo templado en enero, el ruido de la calle que se queda en la calle. Aquí es donde la eficiencia energética deja de ser una etiqueta y pasa a ser cómo se vive.


Una casa que se monta con precisión milimétrica en vez de amasarse en obra: más rápida de levantar y más estable con los años.

El aislamiento rodea la vivienda sin interrupciones, como un abrigo sin costuras. Es lo que mantiene la temperatura dentro y la factura abajo.

Una sola máquina para calefacción, refrigeración y agua caliente, que toma del aire la mayor parte de la energía que reparte.

Calor que sube del suelo en lugar de soplar desde una rejilla. Sin corrientes, sin ruido y sin radiadores ocupando pared.

Ventanas que aíslan del frío, del calor y del ruido. Eliges material, color y hasta dónde quieres que llegue el cristal.

Claraboyas, huecos altos y una orientación pensada para que a mediodía no haga falta encender nada.
Lo que se ve y se toca
Dos viviendas con el mismo plano pueden no parecerse en nada. El tono de la fachada, la continuidad del pavimento de una estancia a otra, la temperatura de la luz cuando cae la tarde. Ahí está la diferencia entre una casa y tu casa.


Blanco mediterráneo, piedra, madera o porcelánico. Es la primera frase que dice tu casa antes de que nadie entre.

Gran formato para ganar continuidad, madera para ganar calidez, o una mezcla que cambie de idioma en cada estancia.

Del blanco roto que lo agranda todo al tono profundo que convierte un salón en un refugio. Se decide al final, con el volumen ya construido delante.

Luz general para el día, luz de acento para la noche y escenas guardadas para no tener que pensarlo cada vez.

Puertas hasta el techo, correderas que devuelven metros al salón y armarios integrados que desaparecen en la pared.
El día a día
Una casa se mide en las mañanas con prisa y en las cenas que se alargan. Por eso estos dos espacios no se eligen de un paquete cerrado: se configuran pieza a pieza, hasta el tirador.


Isla, península o lineal. Se dibuja alrededor de cómo cocinas tú, no al revés.

Porcelánico, compacto o piedra natural, con el frente a juego o en contraste. Resistencia y carácter no están reñidos.

Inducción, horno a la altura de los ojos, campana integrada o extracción desde el propio plano de trabajo.

Ducha a ras de suelo, bañera exenta o las dos. Mobiliario suspendido para que limpiar sea un barrido.

Del cromo clásico al negro mate o el oro cepillado. Es el detalle que más se toca y el primero que delata una casa cuidada.
Puertas afuera
Los mejores meses del año se pasan fuera y, aun así, el jardín suele ser lo último que se dibuja. Aquí no: el exterior no es lo que sobra del solar después de colocar la casa, son metros que se viven, y se proyectan con el mismo cuidado que el salón.


Prefabricada para tenerla antes, o de obra para que tenga exactamente la forma que has imaginado: desbordante, con playa de entrada o rebosadero perimetral.

Cloración salina para olvidarte del cloro, nado contracorriente para entrenar en cuatro metros, hidromasaje e iluminación que de noche la convierte en otra cosa.

Especies que aguantan el verano de aquí sin pedir agua a gritos, riego automático y una pradera que no se convierta en una obligación.

Sombra donde y cuando la necesitas. Fija, bioclimática de lamas orientables o vegetal, que tapa en agosto y deja pasar el sol en enero.

Barbacoa, fregadero, nevera y encimera, para no pasarte la reunión entera entrando y saliendo de casa.

Un sitio bajo, blando y con fuego para el último rato de la noche, cuando ya nadie quiere sentarse a la mesa.
La casa que responde
La buena domótica en vivienda no se presume: se olvida. Persianas que bajan solas cuando aprieta el sol, una escena de luz al llegar, el coche cargándose de madrugada con lo que tus placas guardaron por la mañana. Menos botones y menos factura.


Luz, clima, persianas y riego desde el móvil, desde un panel en la pared o diciéndolo en voz alta. Se instala con la casa, no a parches después.

Intensidad y temperatura de color que acompañan la hora del día: fría y despierta por la mañana, cálida y baja a partir de las ocho.

Alarma conectada, cámaras, videoportero con imagen en el móvil y cerradura sin llave. Saber quién llama aunque estés a mil kilómetros.

Placas dimensionadas para tu consumo real, con batería si quieres independencia de verdad. La cubierta sale de obra ya preparada.

Punto de carga en el garaje desde el primer día. Añadirlo después significa volver a abrir zanjas.

Saber qué gasta cada cosa y a qué hora. Es la forma más rápida de que la factura baje sola.
Y si te dijéramos que sí
Esto no es una lista de la compra: son caprichos que se planifican antes de levantar un muro, porque después ya no caben. Si alguno lleva años rondándote la cabeza, este es el momento de decirlo en voz alta.

Finlandesa o de infrarrojos, en el baño principal o junto a la piscina. Veinte minutos que arreglan un día entero.

Jacuzzi exterior mirando al horizonte o zona de aguas interior con ducha de sensaciones. El balneario, sin salir de casa.

Una sala con suelo técnico, espejo y buena ventilación. La excusa de no tener tiempo se acaba aquí.

Sala a oscuras, proyector, sonido envolvente y butacas de verdad. El cableado se pasa en obra o no se pasa.

Climatizada, con temperatura y humedad constantes. Acristalada si quieres enseñarla, bajo la escalera si prefieres guardártela.

Dos o tres plantas dejan de ser un problema el día que lo sean. Y si hoy no lo quieres, se deja el hueco previsto.

De leña por el ritual o de gas por la comodidad. Suspendida, de doble cara o como pieza central del salón.

Persianas que se abren con el despertador, luz que sube despacio y clima que se ajusta solo mientras duermes.